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Cuentos cortos

 

El barrilete
Nunca pides nada
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Un cuento siempre es fantasía, pero puede ser realidad en nuestro pensamiento, tal es mi caso con esta historia, en la que cuento mi vivencia de niña.

El barrilete

De muy chica yo soñaba con tener un barrilete, poder hacerlo con mis propias manos, ponerle colores, dibujos y una cola muy larga. Llevarlo a un parque grande y poder ver como remontaba su vuelo, como si fuera un pájaro, como si tuviera alas y chocara con el cielo azul que lo esperaba con sus brazos abiertos.

Aunque no era un varón, y algunos creen que a ellos les pertenece, tenía ese sueño. Un día desperté y puse manos a la obra, en él volqué mi voluntad y mi empeño para que saliera bien, para que fuera perfecto, y le puse colores, y le pegué dibujos, y cuando estuvo terminado coloqué su gran cola con amor y dulzura.

Había soñado tanto y por fin el día llegó, en que lo llevara al mejor lugar para hacerlo volar. Primero miré a mí alrededor y al ver que estaba sola, subí la mirada al cielo, un cielo azul brillante, sin ninguna nube, ese día era perfecto, y yo lo sabía, sentía que no podría fallar, que su vuelo sería maravilloso, armónico.

Y llegó el segundo paso y el más difícil, hacerlo volar como si fuera un pájaro, mi sueño estaba a punto de ser cumplido, cuando por fin estaba lista y segura le di el impulso y muy suavemente le fui soltando el hilo, y despacito, despacito, se fue alejando haciendo sus dulces movimientos.

Yo medía muy segura la tensión del hilo y el barrilete volaba, y desde lo alto me miraba y yo más feliz me sentía. No cesaba de moverse y de seguir su alto vuelo, era tan hermoso verlo, allí arriba, como algo importante, como algo especial.

Pero de repente, el hilo se puso muy tirante y no lo pude controlar, hasta que la presión fue tan grande que el hilo se cortó.

Y allí iba mi sueño, perdiéndose cada vez más, haciéndose cada vez más pequeño. Una desilusión enorme me invadió y me quedé en soledad, sosteniendo el resto del hilo que me quedaba y tal vez con la esperanza de volver a verlo, de volver a tenerlo; pero así, en silencio me quedé, con mi sueño hecho pedazos por haberlo perdido, pero feliz por haber podido realizarlo, tal vez tan sólo por pocos segundos.

 

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Los invito a reflexionar sobre este cuento, que aunque sea una historia de mi fantasía, muchas veces se hace realidad, y muchas mujeres son protagonistas de historias como estas. Yo las entiendo y las admiro, se debe tener mucho valor para tener una vida como la de la protagonista de mi cuento, seres condenados por un amor de momentos.

Nunca pides nada

Nunca pides nada, y tienes mucho para dar, tu amor es incondicional. Sabes en lo profundo de tu ser que no lo tendrás siempre, que lo verás de a ratitos, solamente cuando pueda escaparse para verte, para compartir una charla, un café, un momento de pasión.

Y sin embargo jamás te quejas, jamás exiges, entiendes que la vida se presentó así para ti, tienes todo y a la vez tan poco. Él nunca será enteramente tuyo, lo tienes que compartir.

Cuando lo conociste ya tenía una familia, ya era de ellos, no sabías qué hacer, pero tu amor era tan grande que te conformaste con ser eso -simplemente la otra-.

Sólo tiene para ti una vez a la semana, pero qué dichosa eres cuando lo esperas, cuando lo ves, cuando lo acaricias. ¿Es acaso que no mereces algo mejor, es acaso que nadie te querrá tiempo completo, o es que tu amor es tan inmenso que no puedes dejarlo partir?

Eres demasiada mujer para pretender tan poco, pero no puedes apartar tus pensamientos de él, no eres capaz de olvidarte para siempre que una vez se cruzó en tu camino. Hay momentos en que piensas que sería mejor no verlo más, no esperarlo más, sacarlo para siempre de tu corazón, y cómo poder hacerlo si muy dentro tuyo él ya se alojó, ya ocupa toda tu alma, todo tu sentir.

No podrás alejarlo ya de tu senda, vives esperándolo, lo sueñas, lo ves en cada persona que se presenta en tu camino, sabes que eso nunca cambiará, una simple vez a la semana, pero te conformas diciendo que esa fue tu elección, que así será de aquí en más.

Tus amigas te aconsejan dejarlo libre, tiene familia te dicen, y tú lo sabes, ¡claro que lo sabes! Pero el amor que tienes para darle es muy importante y eres feliz, a pesar de que sólo sea por momentos.

La vida es muy corta y quieres vivirla aunque sólo sea de esta manera, ya no eres una niña y la soledad te asusta, te desespera pensar que quizá no habrá otro amor, que ya nadie te querrá y eso te desconsuela.

Piensas que tal vez no habrá otra oportunidad y entonces te sientas y piensas: -a pesar de que me duela este amor que siento, a pesar de que a veces me consuma vivir así, quiero seguir viviendo como ahora y no morir de tristeza en soledad-...

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